Pues va a ser que los gladiadores no eran veganos
Hace poco me invitaban a ver el documental "The game changers" que se ha convertido en todo un referente de la publicidad del veganismo militante hasta convertirse en el biohack definitivo: Si comes únicamente plantas te convertirás en súper-humano.
El documental está lleno de medias verdades, corolarios sin pruebas, conflictos de intereses entre las empresas de los productores del documental o anécdotas elevadas a la categoría de dogmas innegables, pero no voy a entrar a discutir todo ello, salvo lo que me interesa concretamente que es la afirmación gratuita de que los gladiadores eran una suerte de superhombres veganos.
Pues no, los gladiadores no eran veganos, ni vegetarianos ni nada por el estilo; es más objetivar a los gladiadores como la imagen del superhombre tiene más de visión holliwoodiense, de la visión que nos ofrece el cine sobre los gladiadores que de realidad objetiva.
Si la imagen que tenemos de los gladiadores es la de Russell Crowe en "Gladiator", la de Kirk Douglas en "Espartaco" o la de los fornidos gladiadores de la serie "Spartacus", nos vamos a perder entre una serie de tópicos que no están más alejados de la realidad.
En el documental se afirma que gracias a los análisis realizados recientemente a una serie de esqueletos de gladiadores encontrados en un cementerio de Éfeso, se ha descubierto que la dieta de estos estaba compuesta casi por completo de compuestos de cebada y legumbres y todo ello lo sabemos gracias a los altos contenidos de estroncio que se han detectado en los huesos........ Por lo tanto, los gladiadores eran veganos.
Bueno, pues para saber que comían cebada y legumbres no es necesario medir los niveles de estroncio en los huesos, que si bien puede ser un indicador, no es un dato definitivo, porque probablemente si realizáramos el mismo análisis al 99% de los moradores de cualquier cementerio mediterráneo de la época obtendríamos resultados similares. La cebada y las legumbres son la base de la alimentación de todo dios en dicha zona y en dicha época y si me aprietas, no tendríamos resultados muy diferentes en el resto de Europa. Pero para eso no necesitábamos que James Cameron hiciera un documental.
Lo que sí es cierto es que la dieta de los gladiadores no pretendía obtener musculosos súper-héroes de Marvel sino todo lo contrario, a pesar de las películas: Lo que se necesitaban eran señores casi rayando la obesidad y con una capa muy alta de grasa subcutánea suficiente para hacer que las posibles heridas recibidas en la lucha no interesaran ni nervios ni venas importantes ni, a poder ser, órganos.
En definitiva, su dieta se basaba en lo que se basaba la dieta habitual de la época y de la zona, solo que a poder ser, y puesto que eran "objetos de lujo" muy caros, cebados cual patos. Todo ello sin despreciar que en ocasiones, o cuando se podía, se ingirieran otros alimentos como leche, carne o pescado, sobre todo pescado en zonas de ya para entonces milenaria tradición pesquera. Al respecto de la ingesta de carnes y huevos o leche en la antigüedad, entre las clases medias y bajas (es decir el 99'90 % de la población) hay que tener mucho cuidado porque siempre se nos olvida que comerse un huevo, un cordero o una ternera suponía cortar la posibilidad de un animal nuevo.

Si los productores y directores del documental hubieran querido de verdad hablar de súper-hombres en la antigüedad lo hubieran tenido muy fácil: Legionarios Romanos.
Reclutados con una altura mínima de 1.70 metros, las legiones debemos recordar que estaban nutridas por hombres que requerían un aporte calórico diario de al menos 4.000 calorías en forma de una dieta rica y variada en todos los sentidos. Unos hombres que debían caminar como mínimo 20 millas romanas (29 kilómetros) cargados con unos 30 kilos de equipo no se conformaban con un bocata de chopped.
Es así de simple: un organismo, ya sea de hombre, de caballo o de galápago no puede subsistir más allá de unos pocos días de escasez si debe al mismo tiempo llevar a cabo esfuerzos físicos notables. Por lo tanto, no hay lugar a dudas: el legionario romano estaba perfectamente alimentado para poder rendir todo lo que se le exigía ya que, de lo contrario, no duraría ni una semana.
No obstante, dependiendo de las circunstancias la dieta podía variar de forma ostensible ya que, como podemos suponer, no era lo mismo alimentar a un ejército en campaña que acantonado, así que de dichas circunstancias dependía la disponibilidad de alimentos si bien había tres que, por decirlo de alguna forma, eran la base nutricional y jamás faltaban: el grano, el aceite y el vinagre o el vino.
Las legiones jamás llevaban consigo sus provisiones de grano en forma de harina ya que esta era susceptible de estropearse con mucha más facilidad. Según Polibio, la ración por hombre y mes era de dos tercios de medimno ático, una medida griega para áridos. Esto suponía aproximadamente 34,5 kilos, lo que daría un quénice diario, o sea, 1,08 kilos. Por norma, el grano era de trigo si bien en caso de necesidad se recurría a la cebada, cereal que los romanos detestaban por considerarlo propio de esclavos
El romano era ante todo bebedor de vino, que para eso inventaron el famoso aforismo ese de que VINVM LÆTIFICAT COR HOMINIS, el vino alegra el corazón de los hombres. Sin embargo, el vino bueno era caro, las tropas no se lo podían pagar por lo general y los mandos, a lo más que se limitaban, era a distribuir vinagre o ACETVM, por lo que libar tinto de calidad quedaba para las ocasiones. Con todo, el legionario no despreciaba en absoluto el vinagre ya que tomándolo aguado obtenían la POSCA, una bebida refrescante que, además, les servía para potabilizar el agua cuando la tenían que coger de sitios en los que podría contener bacterias, bichos asquerosos estos que, aunque desconocidos en aquellos tiempos, no por ello los romanos dejaban de dar por sentado que consumir aguas estancadas no era bueno. Pero además de vino y vinagre, estos sufridos ciudadanos también trasegaban cerveza si se disponía de ella.

Como ya anticipamos, el legionario romano era un consumidor cotidiano de carnes y pescados de todo tipo. Es más que evidente que estos hombres precisaban del aporte proteínico de estos alimentos ya que, de lo contrario, no podrían llevar a cabo los durísimos trabajos a los que se veían sometidos a diario. Estando en campaña, las tropas podían ser acompañadas de rebaños de reses que serían sacrificadas a medida que se avanzaba y, por supuesto, la abundante caza que habría en los bosques de aquella época les permitiría obtener carne fresca en caso de ver sus provisiones reducidas al mínimo. Osos, venados, jabalíes o uros eran piezas que proporcionaban una carne sabrosa y muy nutritiva, por lo que las mismas TURMÆ de caballería de cada legión podrían sin problema liquidar el número de animales necesario. Del mismo modo podían obtener pescado tanto de ríos como del mar. También era habitual en su dieta cotidiana el consumo de tocino ya que, del mismo modo que necesitaban las proteínas de la carne o el pescado, también tenían que comer grasas para disponer de reservas en sus fibrosos cuerpos.
Los pescados eran desde tiempos muy remotos un alimento que se consumía en forma de salazón, lo que permitía disponer de reservas de comida que durarían bastante tiempo sin estropearse. Estas salazones eran conservadas en ánforas en las que se grababa la fecha de envasado, como si de una lata moderna se tratase, así como el producto y la cantidad del mismo que contenía, añadiendo incluso su nivel de calidad. Vamos, igual que una lata de mejillones en escabeche de Albo. También solía aparecer el nombre del fabricante. Esto permitía, por ejemplo, disponer de pescado de mar en zonas del interior, como el caso de un ánfora de atún procedente de Tánger aparecida en LVGVVALIVM, una fortificación situada cerca del Muro de Adriano, en Bretaña. En este caso, el atún no era salazonado, sino troceado y conservado en su propio jugo. Aparte de las salazones, también se envasaban frutas de diversos tipos y, por supuesto, el omnipresente GARVM, la salsa con que los romanos acompañaban hasta los caramelos de menta si hacía falta.

A todo lo mencionado habría que añadir las hortalizas y las legumbres, de las que los romanos eran también grandes consumidores, sobre todo de cebollas, ajos, nabos, rábanos, y lentejas, así como frutas desecadas como los higos, las uvas y las ciruelas pasas o los dátiles, que importaban de Egipto y el norte de África envasados en ánforas. Todos estos alimentos tenían la ventaja de que podían ser almacenados y conservados durante mucho tiempo, sobre todo las legumbres. Además, consumían la leche y el queso obtenido de las reses que acompañaban al ejército o que tenían en sus corrales cuando estaban acantonados, así como pollos y huevos. También consumían grandes cantidades de aceitunas aliñadas de diversas formas, tal como hacemos hoy día. Las aceitunas, además de suponer una golosina por su deleitosa carne, contiene grandes cantidades de nutrientes y, muy importante, también duraban meses y meses debidamente envasadas.
Bueno, acabando ya que esto se alarga; si hablamos de super héroes en la antigüedad, donde debían haber mirado los realizadores del documental citado es entre los miembros de una legión romana y no entre los gladiadores.......